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Cuadro de costumbres de la pre-guerra
Texto: Roberto Castillo
Fotos:
4 de Octubre de 2002
Roberto Castillo
La otra noche fui testigo de una reyerta de sobremesa. No me acuerdo si se hablaba de Chile o de Irak, y no importa tanto. Fue un economista el que arm la rosca, acusando a los humanistas presentes de hacer grandes afirmaciones sin molestarse con pruebas tangibles. Copete en mano, aleg que los escritores son unos palabreros que convierten sus observaciones en sustituto sentimental de la verdad. Una literata recogi el guante. Puso en la mesa su vasito, dejando las dos manos libres para hacer el gesto de "entre comillas" cada vez que deca "verdad". Un ingeniero apur su bajativo y dej de lado la copa tambin, hundiendo un ndice en la palma de la otra mano mientras silabeaba "los he-chos", "los da-tos", alternando con el ingls the facts, por si quedaba duda.
Se formaron rpidamente dos bandos en torno a los gesticuladores. Una politloga se ali con los cientficos, mientras un historiador se decidi por los humanistas. Un psiclogo vacil antes de alinearse con la "ciencia", mientras la antroploga se solt las trenzas y se declar humanista, porque "toda cultura es un texto a descifrar". Se quiso colar un tarotista, pero fue acallado.
Yo justo andaba operado de la mandbula, as es que con gestos me declar neutral y me dediqu, junto con el tarotista, a garantizar el flujo igualitario de los bebestibles. Tuve que requisar algunas armas cuando la cosa se puso densa. Un politlogo quiso encandilar a un poeta con un rayo lser de esos que se usan en las presentaciones de Powerpoint. El poeta desenfund un lpiz de mina y amenaz con charquearlo de un puro soneto mircale. Hubo consenso gritoneado y etlico, pero consenso en que la lucha armada no serva y que haba que enfocarse en los argumentos. En un intento de conciliacin, el historiador seal que la disputa era vieja. A mediados del siglo veinte, el ingls C. P. Snow describi, en su ensayo Las dos culturas, la creciente distancia entre las ciencias y las humanidades; urga intentar un acercamiento, una tercera va de sntesis entre los dos modos de mirar el mundo. Un gentleman debera conocer a Shakespeare y tambin manejar bien el concepto de la segunda ley de la termodinmica. La literata despreci el tercerismo de C. P. Snow como una capitulacin muy britnica ante la quimera de la "ciencia".
El fsico terico sostuvo que los cientficos leen sin drama (sic) a Hamlet, mientras los humanistas piratean conceptos cientficos sin entenderlos, con el puro afn de hacer metforas. Ah se produjo una entropa de aplausos y abucheos. El poeta replic que le daba vergenza ajena cuando los cientficos y los cientistas sociales se metan a opinar de literatura, cuando su nica calificacin para hacerlo es que leen ms o menos de corrido. "Y no menciono cmo escriben, porque eso sera golpe bajo". Los cientficos no cejaron: "A ver si Derrida nos puede desconstruir el hoyo de la capa de ozono". Replicaron los plumferos: "Expliquen el soliloquio de Hamlet si son tan bacanes. No leen a Shakespeare? That is the question".
La hora avanzada, la calidad del mosto y el hecho de que estbamos celebrando el Dieciocho, contribuyeron a que los nimos se apaciguaran. Alguien dijo no s de qu lado que haba que reconocer la brecha entre humanistas y cientficos, en vez de negarla. Que se respete la complejidad de los dos modos de pensar, sin intentos de colonizacin mutua. Pero esta Bilz y Pap se qued sin gas pronto. Los literatos, sorbiendo su cafecito con malicia, desmontaron su propio discurso, negando la posibilidad de un dilogo que no estuviera viciado por la "narrativa del poder". Los cientficos entendieron el harakiri posmodernista de los rivales como una rendicin, y creyeron que haban ganado el debate.
Esa noche, el economista tuvo pesadillas (atroces) en las que mova los deditos para marcar las comillas al pontificar sobre la "construccin de un nuevo imaginario post-nacional". Varios humanistas, por su parte, pasaron el resto de la noche tratando de escribir crnicas agridulces sobre temas de realpolitik o economa de mercado. Yo me qued secando vasos junto con la duea de casa, la que aprovechndose de mi mudez, coment: "Y todo esto porque esta gente no tiene idea de filosofa. Los ignorantes unidos jams sern convencidos". En ese instante, el tarotista sali de su escondite tras las cortinas y nos dijo que la conversacin haba sido trivial y que el I-Ching anunciaba muerte y guerra por todas partes para moros y cristianos, humanistas y cientficos. Lo echamos a patadas por anti-intelectual, por paracaidista y por ave de mal agero.
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