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Volodia Teitelboim.
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9
de
Septiembre
del
2002
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El da despus del Grand Prix
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Los premios literarios, especialmente los grandes -el Nobel o el Nacional de Literatura- son como las carreras de automviles, pero al estilo del teatro del absurdo.
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Los premios literarios, especialmente los grandes -el Nobel o el Nacional de Literatura- son como las carreras de automviles, pero al estilo del teatro del absurdo, en un veldromo surrealista y tridimensional donde circula todo tipo de maquinarias: monociclos, todoterrenos, burritas, carros de tren, gndolas, micros, motonetas y troncomviles.
Cada cierto tiempo aparece en escena, aparatosamente perseguido por las cmaras, un paco despistado: es el jurado, que padece de personalidad mltiple, no sabe mucho de automovilismo y anda pendiente del celular a travs del cual recibe ciertas instrucciones.
A la hora sealada y con mucha fanfarria el vigilante, medio desesperado por su misin imposible, se cuadra, toca el pito y le pasa un parte a uno de los competidores exlamando "documentos! gana premio!".
En este circuito tortuoso no gana necesariamente el ms veloz. Nunca queda claro por qu se cobra la multa, aunque el paco-jurado se esmere en dar las explicaciones del caso, del estilo "este triciclo panadero tiene harto kilometraje, acarre muchas canastas en su larga trayectoria y haba que pararlo antes de que se le cortara la cadena", o bien "este microbs no contamina". Cualquier cosa que pueda pasar por justificacin, al menos por unos das, que es lo que se demora el pblico en olvidar la trifulca y seguir mirndole el escote a la geisha chilena.
Nada tiene que ver esto con la literatura, que es una actividad vergonzosamente ntima, muy alejada de todo lo que parezca carrera de autos. Escribir es correr contra el tiempo, contra la muerte, contra el olvido, pero muchas veces tambin es lo contrario: la escritura se alimenta del paso del tiempo, del contacto cercano con la muerte, y depende tanto del olvido como de la memoria.
La escritura no va hacia atrs ni hacia adelante, sino todo lo contrario. Por eso los jueces de una competencia literaria se arriesgan al absurdo, aunque acten de buena fe. Como el paco de la carrera de autos, tienen poder, pero carecen de verdadero discernimiento en un evento tan raro. Si una vez hasta le dieron el premio a Enrique Campos Menndez, quien lanzaba humo txico con su tanqueta de papel mach en los tiempos de la Gran Restriccin Vehicular.
Ahora que a Volodia Teitelboim le pasaron merecidamente el anti-Parte Nacional por las razones que ya son de conocimiento pblico (aunque se trate de un pblico que no lee ni los proverbiales 15 minutos somnferos del abuelo demente), tal vez podamos revisar con calma y con curiosidad, condiciones inapelables para toda buena lectura, las pginas que salieron de su multiforme y calva cabeza.
La obra escrita de Teitelboim es un todoterreno, una nave verstil, algo lenta de movimientos pero kilomtricamente slida. Est adornada con calcomanas y banderolas que denotan sus exploraciones por el globo terrqueo y por vastas regiones de la geo-ideologa. Ostenta varias capas de pintura rojo sangre, y aunque es terrestre, tiene arrestos de anfibio, como su piloto, que habita el agua turbia del siglo 20 pero se asoma sin problemas al aire enrarecido de este tiempo.
Bien pasado el parte, porque entre los adornos y las abolladuras, de repente tiembla un ojo acuoso pero ntido que es capaz de tomar de rehn, como hacen los mejores, la mirada de quien lee.
Entre los vehculos que siguen circulando, a la espera, est la limusina orientalista y cataltica de Isabel Allende, vehculo travesti que de repente se queda en pana y recobra su verdadera identidad de citrola sicodlica, impregnada de pachul y anilinas hippies. Por sus parlantes se oye una cumbia pluvial y sabrosa que parece de la Sonora Macondo.
Los que no se hacen los sordos reconocern en su soneo faux-tropical la voz de una mujer universal, atenta a todos los pulsos de la vida y de la muerte. Maneja con los siete velos puestos, contando cuentos para no morirse, cagada de la risa con sus propias impertinencias, entre las que se cuenta el haber puesto al macho de Garca Mrquez de cabeza como que no quiere la cosa.
Se mereca la Multa Nacional este ao, pero seguro que ms temprano que tarde, como dijo su to inexorable, le va a hacer seas un amigo en el camino, con la baliza encendida a todo full. La pregunta del milln es si el carabinero le hablar en castellano o en sueco.
Mientras tanto, ojal que algunos de los que dejaron brevemente de culturizarse con el estelar de moda por causa de la interrupcin del Premio Nacional de Literatura le pierdan el miedo a la lectura. En una de esas, puede que hasta el paco de los partes se vuelva loco con alguna pgina prodigiosa y derogue por fin el impuesto a los libros: se s que sera Premio Nacional a la Literatura.
En todo caso, el que viene en un par de aos es el grandote, el premio de los poetas, nuestra Frmula Uno. Desde este asiento de la tribuna ms equvoca, veo con mi catalejo puesto al revs que viene zumbando el blido de don Armando Uribe. Lo ir a ver siquiera el paco de turno?
(*) escritor y profesor de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Haverford, EE.UU.
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2003
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