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Mentiras verdaderas A medio camino entre la ficción y el reportaje, una novela escrita por Roberto Castillo desempolva la figura mítica de Arturo Godoy, el boxeador chileno que enfrentó a Joe Louis.
Por Sonia Lira y Marcelo
Soto En octubre de 1987, el escritor Roberto Castillo (40) quedó impactado luego de un casual hallazgo en los archivos de la Universidad de Harvard, mientras buscaba material para sus clases. En la portada de una revista Vea de la década del '40 aparecía un primer plano del boxeador Arturo Godoy (1912- 1986), luego de disputar por segunda vez la corona mundial de todos los pesos contra Joe Louis. El rostro del campeón chileno aparecía deformado por los golpes y, literalmente, sudaba sangre debido al rompimiento de sus vasos capilares. Pero lo que más conmocionó a Castillo fue ese esbozo de sonrisa de Godoy -que en realidad era una mueca de dolor- y el título escogido por la revista: Así quedó por Chile. A partir de entonces, Castillo sólo tuvo una idea en mente: escribir un libro sobre la vida del iquiqueÒo que llegó a ser campeón sudamericano en la misma categoría que inmortalizó a Mohammed Alí. Tanta obsesión dio como resultado la novela Muriendo por la dulce patria mía (Planeta, 1998), que aún antes de su publicación sacó chispas, tanto por su estilo narrativo como por el personaje abordado. Después de todo, Godoy es una de las principales leyendas del deporte nacional, levantada a costa de triunfos morales y con la complicidad del periodismo. Para escribir su novela, Castillo se vio en la necesidad de destruir algunos de los mitos que rodearon la vida del boxeador. Como materia prima utilizó, además de la imaginación, material de archivo y decenas de entrevistas, entre las que destacan las efectuadas al poeta Jorge Teiller y a los periodistas deportivos Raúl Hernán Leppe, Sergio Livingstone y Julio Martínez. Castillo elabora una suerte de reportaje falso sobre el boxeador, como hiciera Tomás Eloy Martínez con Evita Perón. Presenta los hechos como si fueran rigurosamente ciertos, aunque como explica Enrique Lafourcade, autor de otra novela sobre un ídolo del boxeo chileno (Mano bendita), "se tomó un montón de libertad. Hizo una mezcla entre crónica, confesiones personales y el diario de vida de un exiliado chileno en Estados Unidos, pero utiliza muchas fuentes inventadas". Algunas de las fuentes mencionadas en el libro son una biografía de Godoy, que llega casualmente a las manos de Castillo, escrita por un reportero que fue amigo íntimo del pugilista, Gabriel Meredith, y un libro sobre la historia del boxeo chileno cuyo autor era un inglés, W. I. Farr, personaje inspirado en Mr.Huifa, célebre figura del periodismo deportivo. Sobre la veracidad de estos libros, el autor prefiere no develar el misterio. Meredith es autor de la famosa frase "agáchate, Godoy", que le gritó durante la primera pelea con Louis y que permitió al chileno esquivar los golpes y aguantar 15 rounds. En la novela, Castillo cuenta que después de la contienda, Godoy, todavía aturdido por la paliza, tuvo el ánimo de salir de juerga con un par de amigos. Fueron a un cabaret neoyorquino de moda, pero no los dejaron entrar porque estaba prohibido el ingreso a los negros. El maitre, apuntando a Godoy, les dijo: "øEl caballero es de color, no? Siendo sudamericano y todo eso". A punto estaban de golpearlo cuando llegó el administrador del local, que había visto la pelea con Louis y solucionó el malentendido. Castillo, que es profesor de literatura del Haverford College, afirma que la gran mentira en torno a la figura de Godoy es su categoría de "casi" campeón mundial. "El gran mito que existe en el imaginario nacional es que el boxeador pudo haber sido campeón mundial de no ser por una serie de fatalidades típicas del chileno. Eso no es cierto, ya que Godoy perdió las dos peleas oficiales que sostuvo con Louis, y el norteamericano siempre demostró su superioridad. A pesar de ello, en Chile lo reciben como a un héroe, lo que se asemeja mucho con otros casos del deporte nacional: Martín Vargas, Godfrey Stevens y, ahora, la Selección nacional". La novela escapa a una construcción narrativa tradicional. Su autor recurre a distintas voces para contar la historia del boxeador iquiqueÒo, entre las cuales destaca la del propio Castillo, quien hace confesiones bastante íntimas de su vida; la de algunos de los periodistas entrevistados, la del mismo Godoy y la de un narrador omnisciente. Además, el libro oscila constantemente entre documentos "serios" y aquellos rumores populares que elevaron al boxeador a la categoría de mito. Entre aquellos que, según Castillo, resultaron ser falsos se encuentran los siguientes: - "Habría sido campeón si no le hubieran robado la pelea". - "El árbitro le pisó un pie de adrede y se lo quebró". - "Le metieron trago y mujeres para debilitarlo, se sabe que tenía debilidad por las rubias". - "Lo dejaron leso con tanto combo en la cabeza que aguantó". - "Fue el único que botó al suelo a Joe Louis". - "(Al final) andaba hablando solo por las calles, dando lástima, vendiendo peinetas en las micros". Sobre este último rumor, el escritor aclara: "Es cierto que tuvo una infancia muy dura en Iquique, como hijo de pescadores, pero no es verdad que haya quedado en la calle. Luego de su pelea con Louis, el Presidente Pedro Aguirre Cerda le regaló una casa. Y si bien perdió sus propiedades en Argentina, el deportista terminó con una casa propia en uÒoa y otra en Iquique, lugar donde murió de cáncer al hígado, sin pasar pellejerías", cuenta. Existen otras historias que el escritor sí estima verdaderas, como su romance con una mujer rica que en la novela se presenta como Madame "O" -en realidad, afirma Castillo, era una dama de la aristocracia criolla de nombre Olga CousiÒo- o su desmedida afición por la ropa, abundante y de calidad. Castillo también considera auténtica la versión que habla del gusto que sentía el boxeador por asustar a los delincuentes cuando una vez retirado, en 1976, ejercía como profesor en Investigaciones. Igualmente cierta es una anécdota ocurrida durante la primera pelea que sostuvo, en 1940, con Louis, ante unas 16 mil personas: el beso que Godoy da al campeón norteamericano con el propósito de provocarlo. Al respecto, resultan reveladoras las transmisiones radiales de la NBC que Castillo anota en la novela: "Una pelea increíble. Increíble pero cierto lo que está pasando esta noche en el Madison Square Garden... øUsted vio lo que yo vi? øLo besó o no lo besó? °Un beso clarísimo! Y Joe quedó como si le hubieran dado el peor golpe de la noche. °Otro más de esos mismos, estoy seguro, y quedará K. O. (... ) La osadía de Arturo le puede costar cara, en el sentido de que algunos de estos jueces son hombres muy tradicionales, y este payaseo, por muy bien que nos parezca, le puede haber costado puntos valiosísimos al retador. °Y nos vamos ya al último round! °La multitud está vuelta loca! °Qué hablen los puÒos!". La pelea se resolvió a favor del norteamericano en 15 rounds, por puntos, pero con voto dividido. Los hechos le valieron al chileno el apodo, entre otros, de "El bichito besador" y consolidaron su fama de "payaso" en los círculos periodísticos norteamericanos. Esto último fue desmentido por la familia del boxeador, la que acusó al autor de "enlodar" la imagen del campeón sudamericano de todos los pesos. Hacia el final de la novela, uno de los capítulos aparece escrito por Sergio Livingstone, quien lo recuerda como un verdadero "ídolo" en Argentina por los aÒos '43 y '44, los mismos en que el periodista deportivo jugaba por el Racing: "No se podía andar por la calle sin que lo saludaran y lo reconocieran. Era un hombre muy interesante, más complejo de lo que la gente se imagina. En esos momentos, él estaba teniendo problemas con su primer matrimonio; se había casado con una mujer argentina, cómo se llamaba ella, Leda Urbinati, que era muy, muy estupenda". Entre las anécdotas que recuerda Livingstone se encuentra aquella en que Godoy se encontró con el amante de su esposa argentina, a quien, luego de encarar y tirar contra la pared, soltó y dijo: "Me gustaría pegarte, pero no te puedo pegar, porque nunca le he pegado a nadie en la calle". Más adelante, Julio Martínez escribe que Godoy tiene el mérito de haber destacado en una época en que los pesos pesados eran muy buenos y que, de estar vivo ahora, habría sido campeón mundial. "Godoy era bajo para ser pesado, no tenía la estatura, e incluso tampoco tenía el peso -podría haber sido mediano pesado fácilmente. Pero esto le daba rapidez, era muy veloz, casi diría que era un peso pesado con velocidad de mediano. Muy rápido, muy veloz. Y eso fue lo que le permitió entrar y salir, entrar y salir en el primer combate con Joe Louis, en el que de los tres jueces uno votó por Godoy, un juez votó por Louis y el árbitro, que era el que siempre dirigió las peleas de Joe Louis, Donovan, votó por el campeón". |
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